Algo bueno podemos comentar de la amistad de Chávez con Ahmedinajad: Caracas es de los pocos sitios del mundo donde existe un auténtico restaurante iraní. También he visto, en la Plaza Altamira, un “Fast Food” que también parece ser persa, pero desgraciadamente cuando paso por la zona siempre voy apurada para otra parte, así que no he podido conocerlo.
La comida persa, que no debe confundirse con los clásicos mesorientales que todos conocemos (y que suelen ser árabes), es sumamente refinada. El mejor arroz que he comido en mi vida, lo hacían unas compañeras de colegio iraníes y era una sinfonía de sabores donde prevalecían el aroma de la naranja, flores y frutas secas y cantidades de dorada mantequilla.
Debo decir que he ido varias veces al Persépolis, buscando ese arroz maravilloso y no lo he conseguido: la realidad nunca es igual a los recuerdos de infancia. Pero, a pesar de esa desilusión, vale la pena probar la cocina iraní que tenemos en Caracas.
El restaurant ha tenido sus altibajos. Se inició con un buffet, que era excelente pues permitía ver y probar la oferta principal del menú. Luego tuvo un tiempo horroroso y cuando pregunté qué les había pasado me explicaron que el chef estaba de vacaciones en su país. Ahora aparentemente el chef está de regreso (o consiguieron otro) y ofrecen además de una larga carta, un plato degustación muy interesante. Pero, muerta de hambre –como siempre- pedí primero unas “cremitas” para picar que resultaron muy agradables. Con una apariencia parecida a los mezze libaneses, aportan sabores diferentes. La que más me gustó tenía un ligero toque de canela.
El plato degustación es muy grande. Tiene
tres tipos de arroz basmati y uno de ellos, con un toque de naranja, es una lejana aproximación a mis recuerdos de infancia. ¿Le habrán eliminado la mantequilla para respetar la dieta caraqueña?
Viene acompañado por el mejor plato que sirven en Persépolis: un pollo con salsa de granada y nueces. Las papas fritas que, a mi juicio, están demás.
El enorme plato degustación también incluye tres excelentes brochettes, de carne, pollo y cordero. Esta última es sumamente tierna y con todas las especias y hierbas del legendario Oriente.
Nos ofrecieron baklava de postre, pero ya no nos cabía más nada. En una ocasión anterior probamos unos helados, perfumados con agua de rosas y especies, muy exóticos y refrescantes. Esta vez fue suficiente una taza de té.





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